No, escribir en un papel lo que querés no hace que aparezca. Tampoco mirar la luna ni pegar fotos en un tablero de visión. Pero hay un componente real detrás del discurso de la manifestación que conviene rescatar antes de tirarlo todo.
Cuando nombras lo que quieres, dejas de gastar energía mental en preguntarte qué quieres. Cuando lo escribes, te comprometes con vos misma. Cuando lo dices en voz alta, el sistema social que te rodea empieza a operar distinto contigo.
Lo que no es
Manifestar no es esperar. Es estar atenta a las puertas que aparecen y atravesarlas. Esa parte se nos olvida.



